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Blog Anticensura

México D.F, a 20 de abril de 2012 (Anticensura).- El potencial de conflicto entre la libertad de expresión y la propiedad intelectual no es nuevo.

Desde la invención de la imprenta, los que tienen un interés financiero en la difusión de las obras intelectuales y las ideas han buscado protección legal para sus intereses.

Tradicionalmente, la ley de propiedad intelectual ha tratado de lograr un equilibrio entre los intereses en juego, es decir, los derechos de los creadores y otros titulares de derechos de propiedad creativa por un lado, y por otro lado, el derecho del público de acceso a dichas obras. Y en su núcleo, el derecho de propiedad intelectual tiene por objeto promover la creatividad, objetivo que en la llamada «era digital» parece ir en sentido contrario.

Históricamente, por lo tanto, la protección de la propiedad intelectual fue limitada en su duración y alcance. Por la misma razón, el flujo libre de información y las ideas también está protegida, entre otras cosas, poniéndolos a su disposición en el dominio público. Sin embargo, las «industrias creativas» han obtenido a través del tiempo poderes cada vez mayores sobre las obras intelectuales y su uso en varias maneras, incluyendo la extensión de los plazos del copyright. En este contexto, internet ha sido percibido por muchos de estos sectores como una «fuerza perturbadora», hecho, no muy diferente de la videograbadora y grabadora antes de internet. Esto plantea importantes desafíos para los titulares de derechos de autor al permitir la fácil reproducción y difusión de contenidos. En particular, una de las tecnologías más eficientes de internet, es la construida sobre el principio peer-to-peer (P2P), de intercambio de archivos entre usuarios y que ha permitido el intercambio de contenidos en una escala nunca antes imaginada.

Como era de esperarse, la respuesta de las industrias creativas ha sido el de etiquetar estas actividades como el robo simple, ya que, en palabras de Lord Mansfied, «una persona puede usar la copia tocándola, pero no tiene derecho a robarle al autor los beneficios multiplicando las copias y la eliminación de ellas para su propio uso».

El argumento de la industria del entretenimiento es muy sencillo (simplista): la propiedad creativa es tan real como propiedad física y por lo tanto debe atraer la misma protección. El atractivo superficial de este argumento ha encontrado apoyo en los congresos y cortes alrededor del mundo. Como una consecuencia de esto, las autoridades han estado más que dispuestos a apoyar y adoptar medidas cada vez más estrictas contra el uso indebido y el abuso de la propiedad intelectual en línea.

Lo que se aprecia fácilmente con menor frecuencia, sin embargo, es el impacto que estas medidas tienen sobre internet y, en particular, la capacidad de intercambiar información e ideas. Más y más Estados, por ejemplo, han comenzado a adoptar leyes que requieren de Proveedores de servicios Internet (ISP) para desconectar a sus suscriptores en el caso de que éstos violen el derecho de propiedad intelectual, medida viciada por la vigilancia al usuario sin orden judicial.

Del mismo modo, los sitios web que supuestamente participarían en este tipo de prácticas se ponen fuera de línea sin la intermediación del debido proceso. Incluso en los casos que las audiencias en tribunales tuvieran lugar, estos defenderán los derechos de los titulares de derechos de autor en la gran mayoría de casos.

Hay más. Anteriormente, un comportamiento común, como el préstamo de libros y CDs para no fines de lucro no era un acto en el que ninguna ley se inmiscuyera, hoy está tipificado como delito mediante el uso de sistemas de Gestión Digital de Derechos (DRM) por las industrias creativas para proteger sus derechos. Regalar materiales antiguos ahora podría exponer a sanciones penales si se encuentran en formato digital. Con la repetida extensión de los plazos del copyright, el dominio público se está reduciendo a tal punto que la mayoría de las obras del siglo XX no estarán disponibles gratuitamente sin el permiso de los titulares de derechos de autor sino dentro de muchos años. Y se puede esperar que las industrias creativas se vuelvan más restrictivas, lo que afectará directamente derechos como el de la cultura, la educación y el acceso a información de interés público y de los avances en las artes y la ciencia.

En todos los debates hasta el momento, sin embargo, el derecho a la libertad de expresión brilla por su ausencia. Con demasiada frecuencia, su importancia ha sido marginada o ignorada.

En la medida en que se menciona, es típicamente incluido dentro de una de las estrechas excepciones previstas por la propiedad intelectual (IP) de la ley, por ejemplo, en conceptos de uso justo y comercio equitativo. De esta manera, la ley de propiedad intelectual distorsiona y resta importancia a la importancia de la libertad de expresión, misma que resulta esencial en todo estado que se considere auténticamente democrático.

La libertad de expresión, sin embargo, es demasiado importante para dejarse en manos de la llamada industria creativa y al margen de un debate sobre la mejor forma para hacer cumplir los derechos de propiedad. Por el contrario, la libertad de expresión es fundamental para la ética de internet, que se sustenta en el flujo libre de información e ideas. Por tanto es necesario que los interesados en la defensa de la libertad de expresión abordemos el alcance cada vez mayor de los derechos de propiedad intelectual y las medidas cada vez más drásticas tomadas para hacerlas cumplir. El debate debe ser replanteado y un avance es el brindado internacionalmente en la Declaración conjunta sobre libertad de expresión e internet.

ARTICLE19 ofrecerá más acercamientos en cómo abordar estas tensiones, muchas veces ficticias, entre los derechos en internet.


Fecha de publicación en línea: 20 abril, 2012.