América Central

Ciudad de México 3 de diciembre de 2021.- Nos hemos reunido por tercer año consecutivo en el COLPIN FORUM 2021, esta vez en un evento que combina lo presencial y lo virtual, con un grupo reunido en Montevideo, Uruguay y otro conectado digitalmente. Estamos aprendiendo a trabajar en estos nuevos contextos, en medio de una pandemia que cobra nuevas expresiones y ha evidenciado con crudeza la desigualdad y las lógicas de acaparamiento en el acceso a las vacunas.

En esta ocasión hemos puesto énfasis en la reflexión sobre la resiliencia frente al contexto de crecientes amenazas y agresiones contra la labor periodística.

 

Tendencias en relación a la libertad de expresión en la región

Las tendencias que identificamos en 2019 y 2020 se mantienen, con nuevas situaciones y expresiones.

La ascendencia de los autoritarismos, tanto de derecha como de izquierda, se ha profundizado en la mayoría de nuestros países, poniendo a prueba los fundamentos de la democracia. Hemos constatado que, en el marco de la pandemia, estas expresiones autoritarias han sido una fuente de manipulación y desinformación y han incrementado las prácticas de ocultamiento y obstaculización para el acceso a la información. En ese marco, constatamos la existencia de regímenes en la región, donde el Estado de Derecho es prácticamente inexistente y donde prevalecen lógicas totalitarias que asfixian cualquier expresión ciudadana. El periodismo en el exilio se ha multiplicado en la región.

Los autoritarismos con signos populistas han incrementado la polarización política, reduciendo el espacio cívico y la deliberación pública. La criminalización de los movimientos sociales y de la defensa de los derechos humanos ha llevado, en muchos casos, a la represión contra las manifestaciones de descontento y protesta.

Una tendencia notable, en estos contextos es la creciente estigmatización y deslegitimación de la prensa y de los periodistas. Se han incrementado las amenazas en el intento de acallar la libertad de prensa y de expresión, y se han constatado retrocesos en el acceso a la información. La pandemia se ha usado como argumento para establecer una lógica de secreto abusivo que esconde y manipula información clave para la rendición de cuentas.

Estas realidades se expresan en intentos de nuevas legislaciones que tergiversan, limitan o pretenden negar los derechos conquistados en las últimas décadas. Hemos analizado leyes sobre desinformación, sobre protección de datos, sobre “agentes extranjeros”, sobre ciberdelitos, sobre temas “de urgente consideración” sin controles judiciales, sobre regulación de internet que significan francos retrocesos.

En el discurso populista que acompaña la práctica autoritaria se ha pretendido una especie de expropiación del agravio social. Así, las autoridades apelan a su “derecho de replica” para denostar, usualmente sin pruebas ni datos claros, a sus críticos. Se ha potenciado la desconfianza hacia la prensa acusándola de ser parte de la oposición política, o de ser parte de los poderes mediáticos que “debilitan a la democracia del pueblo”. Se ha atizado la polarización social entre “buenos” y “malos” limitando la legítima pluralidad social. Se han construido, aceitadas con recursos públicos, maquinarias de discursos de odio, “milicias digitales”, campañas de desprestigio contra periodistas y personas defensoras de derechos humanos, apelando a una síntesis entre líder y pueblo: quien cuestiona al líder, no cree en el pueblo. Se han documentado también los ataques a la privacidad a través de intrusión de los teléfonos celulares. Preocupa de manera especial el incremento de ataques contra las mujeres periodistas por razones de género.

 

La resistencia y la generación de alternativas

En este contexto de crecientes agresiones y amenazas, constatamos también la capacidad de respuesta a favor de la defensa y promoción del derecho a la libertad de expresión.

Vemos una creciente y productiva relación entre periodistas y organizaciones de la sociedad civil en esta lucha, potenciada por la colaboración con organismos internacionales, tanto de Naciones Unidas como del Sistema Interamericano, expresada de manera particular en el trabajo conjunto para alimentar con información y fortalecer la actuación de las relatorías correspondientes. Reconocemos cada vez más las comunidades de aprendizaje y acción para construir estrategias en común.

El uso del derecho para defender los derechos es un eje clave. Las acciones jurídicas y el litigio estratégico se han convertido en un distintivo de la acción organizada y de largo aliento de múltiples organizaciones en este campo. En este terreno se ha logrado crear jurisprudencia que refuerza la validez, pertinencia y vigencia de los derechos, creando salvaguardas que obligan a los estados a rectificar, reparar el daño y restituir esos derechos.

Desde una lógica de acción ciudadana a favor de la democracia, hemos cuidado de no caer en la dinámica de polarización, cuidando los espacios de deliberación pública y apelando a los argumentos y a las razones. El análisis sólido que pone en evidencia las contradicciones del propio discurso del poder sigue estando en el centro de nuestra contribución a la democracia. En este sentido, reconocemos que la polarización y el creciente control territorial por parte del crimen organizado en colusión con gobiernos locales, activa la tentación del miedo y la autocensura, dada la enorme asimetría con el poder del estado y los poderes fácticos. Con el debido cuidado y ponderación política, seguimos documentando las agresiones y los casos específicos de violaciones a los derechos humanos, y elaborando reportes para dar visibilidad a estas realidades.

Se han generado también iniciativas para que la sociedad y la opinión pública reconozcan más y mejor el rol del periodismo, ser más conscientes de lo que se pierde cuando un periodista es silenciado o asesinado, qué historias se están dejando de contar.

En nuestro foro compartimos tres experiencias de resiliencia: la de Confidencial en Nicaragua, la del Movimiento San Isidro de Cuba y la de Artículo 35 de Guatemala. En contexto de abierta criminalización y persecución contra la prensa y las organizaciones de la sociedad civil, constatamos la trascendencia del coraje, el compromiso ético, el apego a la verdad, el contar las historias de las víctimas, el periodismo colaborativo, el rigor de las investigaciones periodísticas, como los principales factores de la resiliencia y de credibilidad ante las audiencias, quienes al final son la mejor garantía de la vigencia e importancia del periodismo independiente. Desde esta perspectiva no se puede aceptar la normalización de la violencia ni mucho menos la normalización de las dictaduras y de quienes pretenden gobernar con lógicas autoritarias.

Reflexionamos sobre el miedo como un factor humano que nos condiciona y cómo, en procesos de resiliencia, tiene que ser trabajado y afrontado de acuerdo a cada persona y contexto. Cada quien es dueño de su propio miedo y nadie quiere ser héroe o mártir, pero no se puede vivir con miedo porque nos paralizamos. Es fundamental preservar la libertad de acción, cuidar nuestra seguridad y nuestras vidas, no exponernos innecesariamente a los riesgos, pero no sucumbir a la autocensura ni a la parálisis. En este sentido, la solidaridad es fundamental y cuenta en tiempo real.

 

Lo que ha funcionado y hay que seguir cuidando.

 

  • La creación y fortalecimiento de las redes sigue siendo esencial en nuestros procesos de reflexión e incidencia. Hay que seguir cultivando y consolidando los consorcios, las alianzas, las iniciativas comunes que se han multiplicado en la región. Destacan las alianzas entre organizaciones defensoras de derechos humanos y periodistas.
  • La perspectiva de género y el enfoque de la interseccionalidad nos han enriquecido, develando los intersticios de la dominación y la violencia contra el derecho a la libertad de prensa, de información y de expresión.
  • Las acciones legales han contribuido a crear jurisprudencia a favor de los derechos y a contener, desde la misma ley, los intentos de leyes regresivas o los ataques abiertos a las y los periodistas y a las personas defensoras de derechos humanos. En esta lógica, el aporte a la creación de estándares internacionales y de leyes “modelo” pueden seguir inspirando nuevos alcances del Estado de Derechos en nuestros países.
  • Los financiamientos y las relaciones de confianza con los diversos donantes han sido un pilar para la construcción de iniciativas en la región, tanto de protección como de generación de nuevos paradigmas.
  • La profesionalización de las organizaciones, la sistematización de experiencias, los procesos de intercambio de información, de experiencias y de formación, han creado una crítica de creciente relevancia en la región.
  • Las campañas de comunicación y de sensibilización siguen siendo un eje de acción colectiva y de coordinación con organismos públicos, internacionales y nacionales, que hacen conciencia sobre la importancia y relevancia de la libertad de expresión.

 

Reconocemos un incremento de las amenazas contra la prensa, los problemas históricos de la desigualdad, la corrupción y la impunidad prevalecen, pero las estructuras jurídicas y las herramientas de acción ciudadana han cambiado, se han enriquecido y multiplicado. El mejor periodismo está teniendo un auge y está fortaleciéndose en la resiliencia. La prevención, la protección y la procuración de justicia son el marco que sintetiza las acciones de defensa y protección, a la par de seguir tejiendo y construyendo más y mejor periodismo.

 

Nota para prensa

Para más información, favor de contactar a comunicacion@article19.org 

ARTICLE 19 es una organización independiente de Derechos Humanos que trabaja alrededor del mundo para promover el derecho a la libertad de expresión. Toma su nombre del Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual garantiza la libertad de expresión.


Fecha de publicación en línea: 3 diciembre, 2021.
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