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Homún, Yucatán, México, 25 de mayo 2022

Desde Homún, Yucatán, México, pueblo maya que ha logrado la suspensión de operaciones de una megafábrica de 49 mil cerdos, comunidades indígenas y campesinas en resistencia, defensoras y defensores de derechos humanos, ambientalistas, personas expertas y de la academia de Argentina, Chile, Ecuador, Estados Unidos y México suscribimos esta Declaración en donde exigimos el cese de la expansión de las megafábricas de cerdos en el continente.

Este modelo agroindustrial, que se extiende desde Estados Unidos al resto de América, reproduce los patrones de explotación del capitalismo más voraz que afecta y despoja a los territorios indígenas, genera fractura del tejido social y cultural, violentando la vida pacífica de los pueblos, contaminando la naturaleza y potenciando la crueldad y explotación animal.

Las operaciones de las megafábricas de cerdos violan el derecho a la salud de las personas y de las comunidades, el derecho al agua y al saneamiento, el derecho a la integridad personal, los derechos laborales, el derecho a la alimentación adecuada y el derecho a la información y la participación  al dañar el medio ambiente de manera irreparable.

Estas megafábricas producen una gran cantidad de desechos tóxicos y orgánicos que contaminan los suelos, el aire y el agua. Cuando los residuos de las mega fábricas de cerdos se descomponen, liberan sulfuro de hidrógeno, amoníaco y cientos de compuestos orgánicos volátiles,[1] además de metano y óxido nitroso, dos potentes gases de efecto invernadero [2] a la atmósfera.

Los olores y la pestilencia causan náuseas, dolores de cabeza, mareos, secreción nasal, picor de garganta, ardor en los ojos, tos y dificultad para respirar.[3] Además, afectan la salud respiratoria de las personas que viven cerca de estas instalaciones y se asocian a enfermedades respiratorias, como el asma en la niñez.

Las megafábricas de cerdos también usan grandes cantidades de agua: solamente para producir un kilogramo de carne emplean 6 mil litros del líquido. Por otro lado, la contaminación que genera esta industria en el agua puede perjudicar a los seres humanos, a la fauna y al medio ambiente.[4]

Es decir, el almacenamiento y la eliminación de los residuos de las megafábricas de cerdos contamina las aguas superficiales, subterráneas (pozos y cenotes y otras fuentes de donde las comunidades obtienen agua), e incluso los océanos, con heces y orines.

El exceso de nutrientes en los residuos de las megafábricas se asocia a la proliferación de algas nocivas en las aguas superficiales, en las rías y lagunas donde se reproducen las especies marinas necesarias para la subsistencia de las comunidades pesqueras. Esta contaminación puede matar a los peces [5]  y causar molestias en el tracto gastrointestinal e infecciones de la piel, los ojos y los oídos en los seres humanos.[6]  Además, la contaminación del agua puede ocasionar enfermedades como defectos de nacimiento y a casos de metahemoglobinemia, o “síndrome del bebé azul”[7] hipertiroidismo y diabetes insulinodependiente.[8]

Las condiciones de hacinamiento en las que viven los cerdos deprimen su respuesta inmune y facilitan la transmisión de enfermedades. Por ello, los animales son sometidos a una alta cantidad antibióticos y antivirales para prevenir enfermedades y engordarlos rápidamente. Esta exposición constante a bajas dosis de antibióticos favorece el desarrollo de genes de resistencia a dicho antibióticos por parte de las bacterias. Además, las condiciones de hacinamiento pueden provocar nuevas infecciones y potenciales pandemias.

Las operaciones de estos recintos industriales también amenazan el derecho a la tierra, el territorio y los bienes comunes naturales de los pueblos indígenas y campesinos. Estas mega fábricas se establecen de forma desproporcionada en comunidades indígenas y afroamericanas, violando su derecho a la libre determinación, sin acceso a la información, sin evaluaciones de impacto ambiental y social, y sin su consentimiento libre, previo, informado y culturalmente adecuado. Lo anterior, representa una forma del colonialismo ambiental. Ante el abandono del gobierno, y para hacer frente a las violaciones de los derechos humanos provocados por la operación de mega fábricas de cerdos a los pueblos y comunidades, las y los firmantes señalamos firmemente que tenemos el legítimo derecho a organizarnos y defendernos. 

Este modelo agroindustrial genera despojo territorial, desplaza otras formas de vida, el patrimonio biocultural y afecta de forma negativa la vida comunitaria. Cuando las comunidades exigen sus derechos se encuentran con la falta de información y de transparencia de la industria, y, en ocasiones, con la represión. Las violaciones a los derechos humanos se dan con la aquiescencia y complicidad de los gobiernos de todos los niveles, en un contexto de captura corporativa de Estado por parte de las empresas de la carne.

La organización de las mega fábricas de cerdos en una economía vertical además desplaza otras formas de producir alimentos, incluso carne. El modelo de las megafábricas de cerdos requiere una gigantesca cantidad de agua potable, soja, maíz y cereales para alimentación animal. Por ello, profundiza el modelo de agronegocio basado en monocultivo, muchas veces transgénico, con devastadoras consecuencias para los territorios (fumigaciones con agrotóxicos, deforestación, muerte de abejas y polinizadores y acaparamiento de tierras). Un aspecto alarmante es que el modelo de producción de alimentos cada vez se aleja más de la ganadería y agricultura sostenibles, en los que cada pueblo pueda producir y acceder a alimentos de una manera culturalmente adecuada, conforme a los cultivos y a la alimentación ancestral y la agroecología, lo cual es la base de la soberanía alimentaria.

Ante los graves impactos y las violaciones a los derechos humanos de las personas y la naturaleza, exigimos que se frene la alarmante expansión de las mega fábricas de cerdos a nuestros países impulsada por acuerdos comerciales, subsidios e incluso bancos de desarrollo. En este sentido, le exigimos a los gobiernos de Argentina, Chile, Ecuador, Estados Unidos y México, bancos y donantes y a las instituciones internacionales que:

●       No otorguen más permisos para este tipo de industria ¡Ni una megafábrica de cerdos más!

●  El cierre inmediato de las megafábricas de cerdos que se encuentran operando

●        No subsidien este modelo agroindustrial e inviertan en una agricultura que garantice la soberanía alimentaria mediante la agroecología, el cultivo y la alimentación ancestral

●      Respeten el derecho a la libre determinación, a la tierra y el territorio de las comunidades indígenas y campesinas afectadas por la industria porcícola

●      Se respete el principio de precaución y prevención frente a las megafábricas de cerdos

Suscriben:

Acción Ecológica

Agua para todos, agua para la vida

ARTICLE 19, Oficina México y Centroamérica, A. C.

Asociación Argentina de Abogados/as Ambientalistas

Atención Comunitaria U Yutzil Kaaj

Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria de la Escuela de Nutrición de la Universidad de Buenos Aires, Argentina

CartoCrítica. Investigación, mapas y datos para la sociedad civil

Center for Biological Diversity

Che’en Kuxtal

Co’ox Mayab

Colectivo de Derechos Humanos Yopoi

Consejo Ciudadano por el Agua de Yucatán

Consejo Maya del Poniente de Yucatán “Chik’in-ja”

Fundación para el Debido Proceso (DPLF)

Greenpeace México, A. C.

Indignación, Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, A. C.

Kanan Derechos Humanos, A. C.

Kanan Lu’um Chapab

Kanan Ts’ono’ot,  Guardianes de los cenotes

La Esperanza de Sitilpech

Mundo y Conciencia, A. C.

Museo del Hambre

Observatorio para la Defensa del Territorio Maya

Red Ciudadana por la Sostenibilidad de Yucatán

Red de Abogadas y Abogados por la Soberanía Alimentaria (REDASA)

Red de Apoyo Comunitario (Redacom), Yaxkukul

Seminario Interdisciplinario sobre el Hambre y el Derecho Humano a la Alimentación Adecuada de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires

Slow Food Chile

Universidad Andina Simón Bolívar

Waterkeeper Alliance

Fuentes:

[1] Véase Virginia T. Guidry et al., Hydrogen Sulfide Concentrations at Three Middle Schools Near Industrial Livestock Facilities, 27 Journal of Exposure Science & Environmental Epidemiology 167, 167 (2017).

[2] Patricia M. Glibert, From Hogs to HABS: Impacts of Industrial Farming in the US on Nitrogen and Phosphorus and Greenhouse Gas Pollution, 150 Biogeochemistry 139, 139 (2020).

[3] Véase Kendall M. Thu et al., A Control Study of the Physical and Mental Health of Residents Living Near a Large-Scale Swine Operation, 3 Journal of Agricultural Safety and Health 13, 16–18 (1997).

[4] Además de la orina, las heces y las aguas residuales de las instalaciones, los residuos de las CAFO suelen contener nutrientes como nitrógeno y fósforo, patógenos causantes de enfermedades, sales, metales pesados, oligoelementos, productos farmacéuticos, antibióticos, pesticidas y hormonas.

[5] Véase JoAnn M. Burkholder et al., Impacts to a Coastal River and Estuary from Rupture of a Large Swine Waste Holding Lagoon, 26 Journal of Environmental Quality 1451, 1451 (1997).

[6] Véase Burkholder et al., supra note 9, pág. 310.

[7] Véase Burkholder et al., supra nota 9, pág. 310.[8] Ibíd.


Fecha de publicación en línea: 25 mayo, 2022.
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