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Miryam Vargas: la locutora indígena que ha convertido la comunicación comunitaria en una herramienta de resistencia

“Somos un pueblo originario y esto nadie nos lo va a tener que debatir nunca”. Miryam Vargas, mujer nahua, locutora indígena y defensora de la tierra y territorio. Fotografía: Cortesía Miryam Vargas.

Por Analy Nuño

Cuando Miryam cierra los ojos revive aquellos días en que la tierra húmeda se metía en medio de los dedos de sus pies mientras corría descalza entre surcos de tierra. Las risas y los juegos terminaban al caer el sol, momento en que el tiempo se detenía debajo de un árbol de enorme copa que creció al centro de aquellas hectáreas en las que su abuela sembraba maíz y al término de la jornada extendía su rebozo para que los 13 nietos a su cuidado se sentaran a su alrededor a comer tacos de frijoles dorados en comal que se mantenían calientes en una canasta de mimbre. 

Así fueron los primeros seis años de su vida en San Bernardino Tlaxcalancingo, junta auxiliar del municipio de San Andrés Cholula, Puebla, hasta que un día ya no hubo tierra, ni siembra, ni maíz. El gobierno le quitó todo a su abuela y a decenas de ejidatarios para construir el megaproyecto del periférico ecológico. 

En ese momento, aún sin entender bien qué sucedía, Miryam se enfrentó por primera vez al despojo de su territorio y la pérdida de su vínculo físico con la tierra.

Pocos meses después, vió cómo su pueblo albergó a bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pintó consignas y tocó música de protesta. Las acciones provocaron la intervención del Ejército, que patrulló la comunidad con la intención de prohibir las expresiones de apoyo al movimiento indígena, pero el pueblo se solidarizó con la resistencia de los pueblos originarios de Chiapas y los resguardó en sus casas.

Esos momentos fueron determinantes en la vida de Miryam, quien catorce años después de aquellos dos episodios decidió que quería ser periodista y empezó a organizarse para comunicar desde la cosmovisión de la comunidad. Hoy, a tres décadas de distancia, desde la Radio Comunitaria Cholollan, Myriam ha convertido la comunicación en una herramienta de resistencia.

Fotografía: Chollolan Radio

Enseñanza de cuidado y de protección del territorio

Miryam Vargas Teutle, tiene 38 años, es una mujer nahua con raíces ancestrales, de estatura baja y cabello castaño. Siempre tiene una sonrisa en su rostro y se transporta en bicicleta. Es locutora indígena y defensora de la tierra y territorio.

Su madre fue atraída por la industria hacia la ciudad de Puebla, por lo que a corta edad -al igual que sus hermanos y primos-, Miryam quedó al cuidado de su abuela ante la expansión industrial de la década de los 90s que reconfiguró el territorio poblano, desbancó las fábricas textiles tradicionales para dar paso a la manufactura y la industria automotriz y modificó las dinámicas económicas y familiares. 

Fue en esos años, cuando al mismo tiempo en que el paisaje cambió y los terrenos rurales se convertían en grandes zonas urbanas, su abuela le transmitió el amor, el cuidado y la cercanía no solo física sino también espiritual con la tierra. 

Miryam creció con su abuela, quién le transmitió el amor, cuidado y cercanía con la tierra. Fotografía: Marlene Martínez.

“Fue desarrollándose el proyecto del periférico y ahí es donde van despojando poco a poco de la práctica de la siembra, pero también del paisaje, de ese confort, de esa estabilidad y sentido de bienestar que nos daba el hecho de no solo tener la tierra, sino además de saber que teníamos un territorio y una seguridad de la comida, de la alimentación, que era algo tan básico, pero a la vez nos dejaba esa sensación de privilegio por poder practicarlo y además compartir como familia”.

El año 2008, fue decisivo en la vida de Miryam. Con mayor conciencia y entendimiento de las cosas, volvió a preguntar a su abuela qué había sucedido con la expropiación de sus tierras. Ahí supo que el gobierno le mintió a su abuela y se aprovechó de su analfabetismo para no pagarle los dos pesos por metro cuadrado que había prometido a cada ejidatario. El gobierno les arrebató sus tierras para desarrollar el megaproyecto del periférico ecologista. En ese momento, Myriam tomó la decisión de organizarse para impulsar la creación de movimientos en defensa del territorio.

Así, junto a integrantes del “Centro Cultural Tlaxcalantzin” y jóvenes de la comunidad se conformó un grupo enfocado a construir una radio en la casa comunitaria Tlalle Tozquitl, donde se instaló la primera cabina de transmisión como un medio de resistencia para informar, dar voz a los habitantes, recuperar la identidad, combatir la narrativa oficial y de medios masivos y recuperar los altavoces tradicionales que usaban los abuelos en el pueblo para dar los avisos de la comunidad.

“El resultado fue pensar y soñar una radio comunitaria para que fuera algo que diera voz y también que hiciera la lucha y la disputa narrativa, el romper el cerco informativo, y sobre todo decir lo que como pueblos originarios estábamos pensando sobre los temas y lo qué es importante para nosotros ante todos los escenarios. Hablarlo con nuestra propia lengua, colocar nuestros sentimientos y pensamientos, que era para nosotros lo importante, porque claro podía salir la misma información en otros medios, pero tenía que ser contada de otra manera para nuestra comunidad, porque nuestra comunidad tiene unos códigos distintos, así como una forma y posiciones diferentes ante lo que ocurre. Entonces, eso era algo de lo que estuvimos reflexionando y es así como damos origen a la radio comunitaria de Cholollan en el año 2009”.

Desde aquel día en que la radio comunitaria transmitió por primera vez hasta ahora, los días en que Miryam no ha estado presente han sido contados. Cada día por la mañana, cuando el sol calienta más, Miryam toma su bicicleta para ir a la radio en el centro del pueblo indígena de San Bernardino Tlaxcalancingo, Puebla. Cuando llega, algo cambia en el lugar, como si su presencia llenara de energía ese espacio.

Al subir las escaleras hasta el fondo está la cabina de la Radio Comunitaria Cholollan. Miryam se muestra orgullosa. Primero, presume la mesa con el mapa de todas las comunidades de los valles de Cholula, Puebla capital, y Tlaxcala. Luego, la cortina de la que sobresalen la sierra de Puebla, sus cielos azules y sus maizales.

Cabina de Cholollan Radio Comunitaria, en San Bernardino Tlaxcalancingo, Cholula, Puebla. Fotografías: Analy Nuño.

En sus inicios como locutora nahua Miryam realizó entrevistas y reportajes sobre la vida comunitaria, posteriormente, se enfocó cada vez más en procesos de defensa del territorio y de la participación y autodeterminación comunitaria visibilizando las luchas de los pueblos y por los derechos humanos. Sus luchas en los últimos 18 años han sido por la tierra, el agua, la salud, el territorio; contra el despojo, contra los basureros, contra el extractivismo. Se ha enfrentado junto a los pueblos del valle de Cholula y sus alrededores a grandes empresas como OHL y Bonafont. 

El éxito de la radio comunitaria fue tal que los pueblos decidieron extender la señal a frecuencia FM con lo que muchas comunidades pudieron conectarse a través de esa señal o con los altavoces que se conectaban en los pueblos cercanos a San Bernardino Tlaxcalancingo. Así, Miryam y todo el equipo se dieron cuenta que había luchas y resistencias de pueblos conectados por las afectaciones de megaproyectos como el proyecto de la autopista sur poniente impulsada por Obrascón-Huarte-Lain (OHL) y Melgarejo Construcciones y Concesiones (MCC). Y entonces la radio comunitaria se convirtió en una acción de comunicación para la defensa del territorio, agua, tierra y seguridad.

Pero así como los frutos rindieron y la influencia de la radio comunitaria fue mayor, también llegaron los intentos de bloqueo. En 2014, durante un operativo que desplegó a decenas de elementos de seguridad, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) incautó todo el equipo de la Radio Comunitaria Cholollan bajo el argumento de que no contaban con los permisos necesarios para operar y obstaculizaban la señal de las antenas. Además de la imposición de una multa de 33,000 pesos, el equipo que fue decomisado. Nunca se recuperó.

Pero la comunidad no se quedó de brazos cruzados. Adquirió nuevo equipo, reactivó las transmisiones e inició un proceso legal para obtener los permisos. Dos años después, la radio comunitaria logró obtener una concesión de “Uso Social Indígena”, resultado del trabajo conjunto entre la junta auxiliar de San Bernardino Tlaxcalancingo (San Andrés Cholula), y la comunidad de Santa María Zacatepec (Juan C. Bonilla). Proceso histórico al ser la primera concesión industrial social indígena que se otorgó en todo el país, lo cual permite que la radio sea regulada por la asamblea comunitaria de sus pueblos como máxima autoridad para decidir, registrar y administrar el proyecto de radiodifusión.

“Inicialmente nos negaron la concesión como tres veces diciendo que no somos un pueblo originario porque ya no nos vestimos con huaraches; eran argumentos totalmente coloniales. Cuando nos dan la concesión y ganamos el amparo, decimos: «aquí hay un título donde reconocen que somos comunidad originaria, que después de que ganamos este amparo somos un pueblo originario y entonces esto ya nadie nos lo va a tener que debatir nunca”, explicó Miryam.

La frecuencia de banda que la IFT otorgó a través de la concesión es compartida entre ambas comunidades, aunque cada consejo de comunicación es autónomo. Esto ha permitido que la radio comunitaria de Tlaxcalancingo conserve su independencia como proyecto de comunicación popular, que desde 2013 se consolidó con la búsqueda y objetivo de que la voz, la imagen y el poder de los pueblos también sea público.

Fotografía: Marlene Martínez.

Persecución, amenazas y muerte

Esa región de México al igual que muchas otras donde las radios comunitarias se han convertido en una pieza clave en las acciones de lucha y defensa de la tierra y el territorio, del agua y otros derechos humanos, los proyectos extractivistas imperan. Estos en su mayoría se apropian de los recursos naturales y despojan de su territorio a los pueblos y comunidades indígenas.

Por ello, al mismo tiempo en que la radio comunitaria creció y documentó las luchas de defensa del territorio, del agua y la seguridad jurídica de diversos pueblos, la vigilancia del estado empezó. A cada transmisión le seguía que arribaran elementos del Ejército o del gobierno de Puebla a los lugares que visitaba la radio para hacer transmisiones. Ahí los elementos preguntaban a los pobladores sobre Miryam, ya fuera directamente con su nombre completo o por su apodo –“Mimi”-.

“Bajábamos las antenas y nos íbamos a otro lugar y en el otro lugar donde ya estábamos, ahí iba el Ejército preguntando por mí, llegaba a los lugares preguntando por mí. Y entonces eso para nosotros también fue un mensaje y a la vez una forma de entender que nos estamos metiendo con algo porque también el Estado nos estaba vigilando. Nos dimos cuenta que el Ejército en el medio de cada comunicación estaba y desde ese entonces hacia acá el nivel también de violencia del Estado, y empezamos a pensar sobre todo qué podía traernos el hecho de difundir y ser la herramienta por la cual se pueda transmitir los sentires de las comunidades sobre los megaproyectos o proyectos de supuesto desarrollo, sobre todo en las comunidades”.

Pronto comenzó la violencia, intimidación, ataques y amenazas contra Miryam y otros líderes visibles de radios comunitarias y de los movimientos de la región. Pese a ello, la locutora indígena no cesó en su propósito de acompañar las luchas y para 2012, se integró al Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra y el Agua – Morelos, Puebla y Tlaxcala (FPDTA-MPT) que impulsa la defensa del territorio en contra del megaproyecto energético Proyecto Integral Morelos.

La lucha contra el proyecto que ha sido una amenaza constante para las comunidades indígenas de la zona debido a la magnitud de este que prevé la construcción de un gasoducto y dos termoeléctricas que atraviesan tierras comunales, fue larga y en 2019 recibió uno de los golpes más fuertes. Samir Flores, defensor de derechos humanos indígena náhuatl, comunicador comunitario, también integrante del FPDTA y compañero de lucha de Miryam, fue asesinado con dos impactos de arma de fuego en la madrugada del 20 de febrero en su vivienda, en Amilcingo, Morelos. Antes de ser asesinado, Samir difundía información sobre las problemáticas comunitarias así como los efectos y riesgos de proyectos como la termoeléctrica y el Proyecto Integral Morelos, e increpó a autoridades.

“De pronto hubo un momento en el que el golpe fue muy directo, muy contundente de su parte (el Estado), muy en otros niveles de violencia y eso fue muy duro, una experiencia muy dolorosa que asesinaran a nuestro compañero Samir. Eso fue lo que podríamos decir el momento más grave de algo que no creíamos que nos tocará vivir, ni sentir. Yo todavía siento que muchas veces no creo que haya pasado eso, como que todavía no logro aceptar qué pasó, y que estamos y que vivimos así como sin un pie, o sin una mano. Como que no lo puedo reconocer todavía del todo, nos ha tocado vivir todo eso, todos esos dolores y violencias que ahí están en nuestro cuerpo”.

Samir Flores, defensor de derechos humanos indígena náhuatl, comunicador comunitario y compañero de lucha de Miryam. Asesinado en 2019. Foto: Miryam Vargas, archivo Radio Cholollan.

La violencia en contra de Miryam se recrudeció después del asesinato de Samir. Desde 2021, ha sido amenazada, atacada, criminalizada y perseguida por su labor como comunicadora comunitaria nahua y como defensora del territorio. Las violencias han sido diversas, la constante es su atacante: el Estado y empresarios.

Ese año, mientras acompañaba y reportaba la protesta en contra de la extracción de agua de varias empresas nacionales e internacionales fue víctima de lesiones y violencia sexual por parte de Policía Estatal de Puebla en la carretera a Atlixco. 

Una forma recurrente de perseguir a luchadores sociales y periodistas comunitarios en esa región es a través del bloqueo informativo. Esto lo vivió en diversos momentos Miryam, como en julio del mismo año, mientras investigaba la situación del socavón en Puebla fue víctima de toma de fotografías y videos no autorizados por parte de la Guardia Nacional. Un mes después, recibió comunicaciones intimidatorias por parte de un particular representante de un desarrollo de fraccionamientos en San Andrés Cholula.

En 2022, sujetos armados allanaron la casa de Miryam en dos ocasiones; en la primera ocasión, sustrajeron documentos que tenía bajo resguardo, relacionados con la defensa de la tierra y territorio, además dejaron un cuchillo sobre su cama de una de las habitaciones. Pese a ello, las autoridades de Puebla no investigaron los hechos. 

El ataque más reciente que sufrió fue en abril de 2025, cuando fue víctima de una campaña de desprestigio llevada a cabo en redes sociales en su contra, así como los actos de hostigamiento por parte de autoridades locales de San Bernardino Tlaxcalancingo y municipales de Cholula.

Frente a los ataques Myriam se sostiene con la mano y arropamiento de las mujeres que la acompañan en la lucha y resistencia, que han logrado sostener los espacios y dar revés a proyectos y pero sobre todo “seguir aquí”.

“Es un shock ver toda la lista de agresiones que a lo mejor de repente cuando uno las vive como que las minimiza y darte cuenta de que sí es algo sistemático, que sí es algo relacionado a tu labor periodística y a tu defensa del territorio, es un shock y un reto siempre, de cómo volver a salir. Creo que siempre es esa necesidad y toma mucho sentido porque el hecho de que yo diga «híjole, mi pozo ya casi no tiene agua, voy a necesitar el agua y sé que estas empresas se la están acabando”. Entonces, es mi necesidad y obligación hacer esfuerzos organizativos comunitarios para que esto no se convierta en un grave problema después. Y claro que estas heridas y todo lo que ha ocurrido, los agravios están ahí, pero además creo que también es una forma de que de seguir buscando esa justicia por esos agravios”.

Fotografía: Anely Nuño.

Organizarse para resistir

Los ataques y amenazas constantes contra las y los líderes de las radios comunitarias del Valle de Cholula, Puebla, Morelos y Tlaxcala no han evitado que los pueblos mantengan su lucha. Al contrario, ha unido a pueblos y comunidades para defender su tierra, territorio, agua y bosques de manera organizada.

En estás luchas, Miryam ha volcado la mirada sobre el cuerpo y territorio de las mujeres que luchan, que sostienen los procesos y acompañan las resistencias. La reflexión la lleva a colocar en la discusión los contextos de violencia, los desafíos de las mujeres indígenas para ser lideresas en espacios tradicionalmente masculinizados y los esfuerzos para visibilizar las luchas sin romantizar los sacrificios sino visibilizando las experiencias.

“Sabemos que como comunicadoras, como mujeres, cargamos también con todas estas heridas patriarcales que hemos acumulado de manera ancestral y que muchas veces es difícil desprendernos de esto y tratar de evitar esa homogeneización del pensamiento que se pretende desde el capitalismo, desde la globalización, desde el pensamiento occidental”.

La articulación para acompañar las denuncias de los pueblos y comunidades ha sido base para las radios comunitarias y quienes las lideran. Por ello, con el objetivo de reforzar los lazos, entender mejor los territorios y resistir frente a la narrativa de los medios tradicionales, desde la radio comunitaria Cholollan, Miryam impulsó el primer Encuentro de mujeres comunicadoras que reunió por tres días a más de 80 mujeres integrantes de radios comunitarias de todo el país.

En el Encuentro se buscó visibilizar los retos que enfrentan en los territorios, pero también la fuerza que les sostiene para seguir informando y defendiendo las comunidades desde sus experiencias compartidas y sosteniendo que unas se complementan con las otras.

“La resistencia, la autonomía, la autodeterminación tendrían que ser siempre como nuestros motores y bajo esa lógica también conducir el estilo tanto de vida, pero también de ser comunicador. Conocer esas experiencias y sus historias, eso me marcó mucho porque claro que yo tengo mi historia propia, pero mi historia es un pedacito de las historias de otras y otros que son también en mi comunidad”.