COLPIN FORUM 2025: reflexiones sobre los retos para la libertad de expresión y prensa en América Latina
Buenos Aires, Argentina, 5 noviembre 2025.- En esta ocasión nos hemos vuelto a encontrar en Buenos Aires, Argentina en el espacio llamado COLPIN FORUM, para seguir reflexionando sobre los problemas y retos para la libertad de expresión y de prensa en nuestra región.
El interés público, el cuidado de la democracia y la defensa de los derechos humanos son esfuerzos dinámicos cuyas urgencias y búsquedas van cambiando. En esta ocasión nos hemos enfocado en tres ejes de análisis: la elaboración de contra narrativas frente a los discursos populistas y autoritarios que pretenden erigirse como la única mirada interpretativa de la realidad; la defensa legal frente a el acoso judicial contra periodistas; y el análisis de las diversas geografías de las violencias contra la prensa.
El periodismo se ejerce en el corazón de esa multiplicidad de violencias. Si bien hay especificidades nacionales vemos con preocupación patrones regionales de agresiones y amenazas a la labor del periodismo independiente: los discursos de estigmatización y la desinformación desde lo más alto del poder público y los efectos de cascada en los diversos niveles de gobierno; las agresiones digitales especialmente graves contra las mujeres periodistas.
No podemos dejar de mencionar la forma más extrema de censura, los asesinatos de periodistas, que sigue siendo una dolorosa constante en América Latina, la región más violenta sin una guerra declarada. Tampoco podemos olvidar la terrible masacre de periodistas en Palestina -alrededor de 200- como un punto fatídico al que ningún país ni región del mundo debe llegar ni volver a repetirse.
El espionaje; la indefensión frente al crimen organizado; la promulgación de leyes y el uso del sistema legal y penal contra periodistas y organizaciones de la sociedad civil; la represión directa que ha alcanzado niveles sin precedentes con medidas de desnacionalización, expropiación de bienes, cárcel, exilio y muerte.
Los autoritarismos se están fortaleciendo con legislaciones y políticas públicas que buscan incrementar una infraestructura legal y tecnológica para maximizar la vigilancia de la población, en especial de periodistas, activistas, organizaciones de la sociedad civil y personas defensoras de derechos humanos. La identificación biométrica está siendo ya una realidad; la interconectividad de bases masivas de datos, tanto del sector público como del sector privado, y el acceso irrestricto por parte de los gobiernos a esa información se está llevando a cabo. Esta realidad pondrá en mayor riesgo la labor periodística y la protección de las fuentes.
Especial atención hemos puesto a la estrategia desde el poder para desgastarnos psicológica y económicamente a través de las demandas legales que se han multiplicado. El llamado litigio para desincentivar la participación pública, SLAPP por sus siglas en inglés, nos está obligando a desarrollar conceptos propios y estrategias legales a partir de la jurisprudencia en la región. Las demandas por difamación y los delitos contra el honor siguen siendo figuras a eliminar en nuestras legislaciones. Constatamos un retroceso en el andamiaje institucional que se había logrado para garantizar el acceso a la información pública y la transparencia.
En este contexto, se han fortalecido las acciones jurídicas de defensa, la documentación de casos, los sistemas de alerta, la sistematización de información jurídica, la interlocución con el poder judicial en nuestros países y a nivel interamericano. Hay avances notables en los estándares internacionales y en la jurisprudencia para defender la libertad de expresión y de prensa.
Los populismos autoritarios o dictatoriales, de derecha o izquierda, al final confluyen en su intento de vaciar la democracia, debilitar la institucionalidad e imponer una sola narrativa y una sola verdad, la suya. La palabra del líder que interpreta la palabra “del pueblo” esa entelequia que todo lo justifica y en cuyo nombre se busca eliminar la pluralidad de una sociedad y perpetuar el dominio de una sola voz.
Las narrativas populistas han elaborado mensajes simples y simplistas que conectan con sentimientos y resentimientos profundos y acumulados de una población históricamente abusada y excluida. Los líderes populistas se presentan como los superhombres o supermujeres contra “el sistema”, contra “las élites”, contra “la casta” para, al final, acomodarse y convertirse en la nueva élite.
En su narrativa la democracia es un estorbo, las instituciones y los contrapesos impiden sus proyectos, las voces que interpelan, que ayudan a pensar y cuestionar, entre ellas el periodismo, son fuerzas oscuras financiadas por el extranjero que temen perder sus privilegios; los migrantes son invasores y los derechos humanos son pretextos para proteger intereses particulares.
Y a pesar de esta geografía de violencias y del uso del sistema judicial para callarnos, el periodismo sigue vivo, vibrante y haciendo su labor de investigar e informar. El periodismo sigue siendo una profesión de alto riesgo y de máxima utilidad pública.
Seguimos investigando, sacando a la luz realidades que desmienten las supuestas bondades del autoritarismo, el periodismo sigue revelando los entramados de mentiras, corrupción e intereses, los contubernios con el crimen organizado, los acuerdos con los grandes capitales y empresas, que están a la base de los supuestos proyectos libertarios y de transformación.
Informar, investigar, develar, dejará una huella en la memoria histórica de nuestras sociedades. Que no queden en el olvido las violaciones de los derechos humanos, las alianzas inconfesables y los beneficios personales de los liderazgos populistas.
El periodismo, en estos contextos adversos, se está reinventando y está contribuyendo a elaborar contra narrativas desde las periferias de las violencias. Está aprendiendo nuevas formas de reportear, de caminar los territorios, de escuchar y dar lugar a las voces de las víctimas, está aprendiendo a valorar el protagonismo de los liderazgos locales y comunitarios, a promover el periodismo comunitario, a construir alianzas con organizaciones de la sociedad civil, a valorar el enfoque de género, a desarrollar proyectos colaborativos que trascienden fronteras. Como nunca se ha activado la creatividad y la innovación para sobrevivir y para darle sostenibilidad financiera a nuestros proyectos.
En nuestras contra-narrativas damos lugar a la esperanza, a la resistencia y la resiliencia, a contra pelo de los grandes medios. No se puede construir la esperanza desde el vacío, la esperanza no es solo esperar, es tejer el advenimiento de nuevas realidades. El periodismo, bien podríamos decir, es una disciplina que desnuda al poder y que da lugar a la esperanza que se gesta desde diversos sectores de la sociedad.
Que esta nueva edición de COLPIN, en este 2025, nos siga nutriendo en ese tejido de la libertad de prensa, del periodismo de investigación y la construcción de esperanza.














